Se cuenta la historia del hombre que sonreía. Su nombre era, o decía que era, Jimmy Ortega, aunque todo el mundo le llamaba Jimmy Sonrisa. Nació hace 22 años con una malformación en la cara. Siempre parecía que estaba sonriendo. No era feo y su sonrisa era perfecta, según aquellos que llegaron a conocerle.

Según dicen con una sonrisa, puedes llegar a cualquier parte y asi fue para nuestro amigo. Caminaba por la calle y a cualquiera que miraba, le correspondía con un saludo. Nunca le falto trabajo, desde descargador en el muelle a recepcionista en un hotel, cuyo trabajo era el que tenía en el momento que nos atañe. Todo el mundo en el barrio le quería y tenía éxito con las chicas. Pero tenía un problema, cada vez que cruzaba alguna palabra con otra persona, estornudaba. No un estornudo cualquiera, sino el típico estornudo que alguien tiene cuando está muy resfriado. De estruendo sonido y enorme gesticulación, ese estornudo inoportuno en cualquier situación, era su cruz.

 

Un día, cansado de su extraño hábito, se dirigió a un curandero que le había recomendado un tipo que fue una vez al hotel donde trabajaba. El tipo, que llegó de oriente, le recomendó un lugar, dentro de Little China. En ese lugar encontraría a un especialista en curar todo tipo de males. Bien es cierto que Jimy Sonrisas, no confiaba mucho en estos lugares, pero harto de ir al médico y no encontrar respuesta, el extraño curandero era su única oportunidad.
Total, que Jimmy una tarde de invierno, cuando el sol cayó fue al sitio que le recomendaron. Con miedo y de noche, entro a la tienda. La tienda estaba decorada con reptiles disecados, lugares del que emanaba incienso y cortinas típicas orientales. Al fondo se encontraba el tendero, el cual esperaba a nuestro amigo. Oriental afincado en el barrio le saludo. Tenía un acento, como el de las películas cuando doblan a la gente japonesa o china. Jimmy al acercarse saludo y le contó su problema, mientras estornudaba. El tendero rápidamente se metió en el almacén y sacó una frasco diminuto y le dijo que si bebía cada día, se curaría. Sonrisas tras volver a estornudar, desesperado se lo bebió como si de un chupito se tratase. Sabía a rayos y se lo dijo al tendero. Sorprendentemente completo su frase sin estornudar. Estaba curado, o al menos eso creía...

Se fue del lugar, pero sentía algo raro. Con las pocas persona que iban por la calle a esas horas le miraban y no le sonreían, es más se apartaban. No le dio más importancia a eso, supuso que era un mal barrio. Llegó a su casa y como siempre y como todas las personas que vivian en un séptimo piso y no le hacía falta adelgazar, cogió el ascensor. Como todos, tenía un espejo. Al entrar se miró y dio un sobre salto. Su cara ya no tenía una sonrisa dibujada. Todo lo contrario, los músculos de su cara estaban arrugados y lo que antes fue una sonrisa, ahora parecía una mirada amenazadora. En su ingenuidad creyó que se trataba de un efecto secundario y que al día siguiente se pasaría. No podía imaginarse lo equivocado que estaba...

Continuará...