Hay que definir lo que es risa y sonrisa. Puede parecer lo mismo, porque acompañan a un sentimiento de alegría. Pero son muy diferentes. La risa es aquel gesto que te hace reir, expresándolo con una carcajada o ruido al exterior debido a que algo te hace mucha gracia. En cambio, la sonrisa es aquel gesto de la boca que arquea hacia arriba los labios, en motivo de felicidad o sorpresa. Cuando voy a ver una comedia espero reirme, no sonreir. Sonrio en las otras películas que no son comedia. Con Eddie Murphy me rio, con Tarantino sonrio. Iluso de mi, con El soplón esperaba reir de verdad. Apenas sonreí.

Llegue engañado por el trailer. Cuando lo vi, reí en algunas partes. No sé si fue por el montaje, la música o que cogieron los mejores momentos de la película, pero me apetecía verla. Asi que una tarde lluviosa en Salamanca fue mi decisión para pagar la entrada.Veredicto: una película de los Coen, pero en barato. Tenía que haber ido a ver a Bruce Willis y sus sustitutos.

Los créditos prometían diversión, pero nada de eso. Miré varias veces el reloj e incluso cerré los ojos 5 minutos. Soderberg, que fue correcto en la saga de Oceans, aquí no tanto. Mezcla de biopic, con cine de espías y un humor que se queda en el trailer; da resultado una obra tediosa y aburrida.

Algunas cosas se salvan, como la banda sonora, al estilo de comedieta de enredo, aunque, en ocasiones resulta monóntona. La estética está de lujo, otorgando un romaticismo noventero, que señala ese mundo analógico que ya quedó atras. Ciertos planos son imaginativos y a veces te levantan el ánimo, en ese aburrimiento continuo. Porque realmente llega un momento en el que sólo ves a Matt Damon en reuniones con Japoneses o a Matt Damon con el FBI.

El peso de la película lo tiene Matt Damon, que satisface como interprete. Pero yo me pregunto, porque habrá querido engordar y perder su escultural cuerpo del Caso Bourne, para hacer una comedia menor, sin repercusión alguna. Si engordas, hazlo porque Scorsese te lo pide, como fue el caso de Toro Salvaje y De Niro. Mark Whitacre, el personaje que interpreta, consiguió darme algo de empatía, creo que cuando me dormí esos 5 minutos. El personaje está mal escrito. Sin embargo, la continua voz en off de el mismo parece accesoria, pero nos enseña una manera de entender al personaje, que es un charlatán, pero nada más. Eso sí, lo anécdotico de lo que piensa divierte.

Pero nada de esto merece la pena ir al cine a verla por el pésimo guión. Scott Z. Burns guionista desconocido para un servidor (aunque conocido como el del Ultimatum de Bourne), no lo ha hecho bien. Por razones varias. Un guión que se dilata en el tiempo de una manera abrumadora. No sucede nada hasta el segundo acto. Siempre es igual, como dije más arriba. Además me hizo sentir muy estúpido durante el metraje. Demasiada información hablada en poco tiempo, liosa, sin tiempo para respirar. Resultado, no entendía muy bien porque había estafado o porque tenía que informar al FBI, al final ya ni me importaba. No entendí bien porque le sucede lo que le sucede y al personaje no le acabas de entender bien. ¿Es un charlatan, un avaricioso, un mentiroso? ¿Porqué? Todo parede desdibujado para mí. Tal vez fue porque fui con sueño. Debería volver a verla.

Ahora mismo una sonrisa se dibuja en mi cara, mientras pienso: no, no lo haré. Prefiero La Conversación, de Coppola.