Albertito García era un singular personaje de su ciudad. Un Lunes cualquiera después de un alocado fin de semana, Albertito, como siempre, fue a trabajar. Estaba contento, el peso de la semana no le molestaba, aunque sí un poco el suyo, pues había engordado. Mientras trabajaba, se machó un dedo, era chapista. Ya empezaban a ir mal las cosas. No pasando ningún otro acontecimiento digno de mención, llegó la hora de comer. Lo que empezó como un lunes cualquiera terminaría oscuro para este chico.
Ejerciendo la conducción, ya que tenía que bajar del polígono donde trabajaba a su casa en la ciudad, se metió en una rotonda. La siguiente sucesión de acontecimientos se produjo así. Albertito entró en la rotonda y debía salir por la tercera salida. Se colocó en el carril exterior y puso el intermitente. Cuando fue a entrar a esa salida, una furgoneta quería salir de esa misa salida. Claro que no podía, ya que él su salida era otra. Ella lo sabía, porque para salir por su lugar tenía que dar una vuelta, así que prefería esta insegura manera, pero fácil de salir. En fin, que Albertito tuvo que maniobrar para evitar un choque, con la habilidad que puede llegar a tener un chapista.
Pero salió ileso, reaccionando a tiempo para pitar y saludarle con un sólo dedo. Albertito comió ligero y de vuelta al trabajo, una vieja se le cruzó en la calle, tuvo que frenar porque alguien se saltó un stop. Le pitaron, pilló varios semáforos en rojo y se colocaba siempre en el carril más lento. El día parecía tornarse gris para Albertito García. Encima el curro no ayudaba, cargó ruedas a un camión y llevó unas baterías de una estantería a otra y el perro del trabajo le mordió los calcetines. Los riñones le machacaban. Por suerte sin darse cuenta llegó la hora de irse a casa.
Será entonces cuando aparecería la gota que colmaría el vaso de Albertito. Iba en una recta camino a casa en su Audi 80. Delante de él había un R-5, que le traía muchos recuerdos de su primer coche. Nostalgia que se agrandaba por que delante de este, había un coche de autoescuela. Naturalmente la nostalgia se le acabó, cuando se dio cuenta que el coche de la autoescuela iba a 30 km por hora, haciéndole perder su valioso tiempo. Ansioso de llegar a su casa, procuró adelantar. Señalizó y empezó a cambiar de carril y aceleró. Mientras tanto al R-5, también se le ocurrió hacer lo mismo, y se abalanzó sin mirar contra Albertito, que tuvo que frenar bruscamente. Reaccionó con furia al pitar su claxon. Averiguó que era una mujer la que estaba al volante y su marido de copiloto. Con el mito a su favor se acercó al coche, hasta que llegaron a un semáforo. R-5 a la izquierda y Audi a la derecha estalló el enfrentamiento. Como si de un western se tratase se miraron desafiantes él y el marido. Albertito bajó la ventanilla y le dijo a este: No debería sacar a la mujer de casa. Sin tiempo a acabar la frase el marido se desabrochó el cinturón para salir. Pero Albertito como una centella surgió del coche, y cuando el marido puso, tras abrir la puerta, el pié en el suelo, Albertito lanzó una patada contra la puerta del pequeño R-5, fusilando la pierna del marido en mil pedazos. Bajo los gritos agónicos del marido, Albertito se dirigió a la mujer para decirle: No debería sacar al marido de casa.
Con elegancia, o toda la elegancia que puede tener un chapista de polígono, se metió en el coche y desahogado del todo, se apartó apaciblemente en el calor de su hogar.
O así hubiera sido si realmente hubiera pasado. Con el paso del tiempo los acontecimientos pasan a ser anécdotas y las anécdotas siempre sacan lo mejor de nosotros, contándolo todo a nuestro favor, borrando las cosas malas. En el caso de Albertito los acontecimientos sucedidos fueron al revés, porque sí, Albertito desquiciado arremetió contra la mujer, pero lo que sucedió después, fue que el marido era más rápido y fuerte. Así que Albertito acabó su día, su peor día sin lugar a dudas, en el ambulatorio mientras le entablillaban la pierna. Lo único bueno que recordará sería el mes de baja que estuvo sin ir al curro. Aunque esta claro que nunca lo contaría.

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