No es la primera vez que  un actor muere durante un rodaje, Plan 9 desde el espacio exterior, El cuervo o Street Fighter son sólo algunos ejemplos. Bien sustituyendo al protagonista, bien por postproducción conseguían acabar la película de forma respetable. Y de entre todas las desventuras de los rodajes del Terryble Gilliam, jamás pensó que tendría que pasar por esto en El Imaginario del Doctor Parnassus. Lamentablemente lo hizo, pero con no muy buenos resultados.

A estas alturas y viendo su filmografía, podemos decir que en los guiones está el talón de Aquíles de este Monty Pyton. Si sabemos esto, y además tenemos presente que la belleza de este director está en la puesta en escena y en su imaginario visual, entonces podremos disfrutar de la película. Dejándonos llevar por aquello que vemos tras el espejo de esa anquilosada carroza de feria del Doctor Parnasus, se taparán los profusos fallos de guión. Pero está claro que el Imaginario es lo que es por cómo es su filmografía: el poder de la imaginación como medio para el fin: buscar la feliz escapando de la cruda realidad . Desde Brazil a Tideland.

Bajo una historia al más puro estilo fausto, Parnasus, al que da vida Christopher Plummer (Doce monos) hace una apuesta con el diablo, Tom Waits. Mucho mejor interpretado por este último, los demás protagonistas, no son nada del otro mundo, a excepción de Heath Ledger, que fue lo poco bueno que tuvo El secreto de los hermanos Grimm, aquí demuestra lo aprendidó con el Joker.
Pero su presencia derrumba el film. A medida que pasa la historia, cada vez con menos escenas sin Ledger, más cosas quedan en el aire, en un final confuso e inexplicable (más raro que Doce monos, pero dudo que aún viendo El imaginario... dos veces comprendas nada). La argucia de estos tres actores (muy bien todos) que le sustituyen cambiando su rostro en esas distintas realidades, sólo se explica por lo que sucedió en la realidad con Ledger, no queda claro en el film, como otras muchas incoherencias. Al personaje de Ledger no lo acabamos de conocer, no sabemos sus motivaciones, ni el secreto que guarda, todo queda en el aire.

Así que si entras en el Imaginario de Gilliam sólo encontrarás un cúmulo de situaciones surrealistas a medio camino entre Dalí y Tim Burton. Un poder visual que tampoco aparece mucho, sólo asoma al principio y al final, todo el resto se hace lento y pesado, acabando en una sucesión de situaciones algo precipitadas. Pero lo que importa es lo que se ve, no que lo que se cuenta y ciertamente lo que se ve es sugerente, a pesar de abandonar lo artesanal de la escenografía por el croma. El encanto de Las aventuras del barón Munchausen se repliega a un simple recuerdo Pythoniano de lo que fue el director. Por cierto, la iluminación fuera del mundo del Imaginario no me gustó, preparaos los que lo veáis en screener.

Dicho esto, al igual que aquellos que atravesaban el espejo y decidian el bien o el mal, el espectador entrará y tendrá que optar si lo que ve le gusta o no. En mi caso, lo que vi me gustó, lo que me contaron no y eso que el supuesto mensaje de la película era que el mundo existe porque hay historias; pero luego se queda en algo anecdótico y que perfectamente podría no haberse mencionado.

Muchos irán por ser la última película de Ledger, pero es mejor recordarlo como el Joker que como el arlequín que nos trae el director de Miedo y asco en la Vegas.