La constante de la ciencia ficción es hacernos conscientes de que en cualquier momento el mundo puede irse por el retrete. Ya sea por una bomba nuclear, invasiones alienígenas o por el cambio climático. Cada década tiene sus propios miedos y la ciencia ficción se encarga de mostrarlos. Desde George Miller a Emmerich nos han mostrado el desastre y lo que queda después. Con The Road nos encontramos con una rara avis. La película no trata sobre el fin del mundo, esta obra maestra encaja sus piezas con una exactitud milimétrica que no da cabida a algo tan usual en el género como es la causa del desastre. No importa, lo único que conduce por The Road es la relación de un padre y su hijo en el fin del mundo.

El hombre tras el desastre, el padre y el hijo que buscan la esperanza y la supervivencia; es lo que interesa. Conseguido con éxito, la película es minimalista pero a la vez grandilocuente, es tétrica pero bella, es tensa pero reflexiva, es universal y singular, es, sin más, una obra maestra. Pero fundamentalmente es una película que triunfa por su acting. Por la carretera sólo caminan dos personajes y es suficiente para emocionar, los demás son meramente anecdóticos. Vigo Mortenssen está dichoso en su papel recurrente de vagabundo barbudo, pero te das cuenta de que el papel era para él. Y luego está el chico, que sencillamente te lo crees Kodi Smit-McPhee, es el Christian Bale de El Imperio del Sol.

Lo que no es The road es una película de acción sobre el fin del mundo, para eso está El libro de Eli, con Denzel Washingtong. Es angustiosa y dramática; intimista. Sus diálogos son toscos y secos, donde ambos protagonistas desprenden una química fascinante, momentos dramáticos inundados por silencios sólo rotos por una banda sonora, trágica y deprimente, como la espectacular puesta en escena, los paisajes y encuadres del fin del mundo que vemos, gracias, entre otras cosas, al trabajo del español Javier Aguirresarobe.

Una historia muy bien contada en la que no hay protagonistas, no hay personajes, sólo son El hombre y el niño, reflejo en el espejo de una situación en la que cualquiera puede estar. Es universal, no sabemos nada de ellos porque ellos son nosotros mismos en un mundo en el que la supervivencia para proteger a quien quieres es lo que importa, lo que desespera.
Visionado obligado de una revisión al subgénero del apocalipsis. Una gran película de un gran libro.